Willy Trapiche: La artesanía genial Por Ignacio T. Granados Herrera
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Desde siempre, e independiente de sus connotaciones morales, la mediocridad ha significado la media, lo convencional; y por eso, el genio es excepcional, y normalmente enfrentado por los valores institucionales. De ahí que al asumir el arte, los creadores tiendan a explotar la gran capacidad de situaciones dramáticas que provee la realidad; lo que convencionalmente se entiende por hacer arte con mensaje, sin tener en cuenta que con eso mismo es que se neutraliza la capacidad liberadora del arte. De ahí que los grandes movimientos del arte se den como rompimiento directo con las convenciones; pero también que, como una fatalidad, se consagren como nuevas convenciones. A esa paradoja no escapa el llamado Arte Pop, que se fijó en las posibilidades estéticas de la economía industrial para trasngredirlas; pero que devenido en otra convención, de aparente carácter popular, sirvió para las campañas más convencionales del mundo, incluso comerciales y políticas. Desde la Marilín Monroe de Andy Warhol, cuyos afiches resultan impagables hoy en día, nada escapa; y eso que el Arte Pop rescataba una tradición del Cartel nacida en medio del sublime Art Noveau, con el no menos sublime Mucha a la cabeza. Todo eso anterior es para poner en perspectiva el trabajo de William Ríos, más conocido como Willy Trapiche en eso que se ha dado en llamar la blogosfera cubana. Cuidado, la vulgarización de la tecnología ha puesto de cabezas al mundo en la postmodernidad; desde la ruina de fotógrafos y diseñadores por el photoshop, hasta la contracción de la prensa por la libertad del simply blogguer. En ese contexto William Ríos se divierte en su espontaneidad, y vuelve el arte a lo que fue, artesanía; y lo hace con una premisa encantadora, algo así como "No demasiado serio, por favor". En efecto, la gráfica de Ríos va directo a quitarle solemnidad a nuestros mejores actos; que es precisamente la que los pierde, diluyéndolos en esa humanidad de la sensación de protagonismo.No se salva nada de nuestros mejores anhelos, ni nada de las propuestas más legítimas; a una "performance" política como la de la artista Tania Brugueras en la Bienal (plástica) de la Habana, le pone burlonas alas que la salvan en su espontaneidad. No es que desconozca el límite, pues se aprecia su grave reverencia ante un caso como el del doctor Oscar Elías Bicet; donde Ríos recurre incluso a la tradición del afichismo revolucionario, logrando un efecto de legitimidad por retroalimentación asombroso. Tampoco se le puede negar la sensibilidad peculiar para la búsqueda plástica, como debería ser, sin contenidismos; sobreponiéndose a esa idea tan modesta de sí mismos, por la que muchos artistas descreen de su excepcionalidad y se asumen como convencionalistas. En general, el arte de Ríos trasciende el marco, y se limita a ser plástico; más allá de eso, su libertad hace riesgoso imponerle un género dramático; y se mueve sinuoso del cartel al abstraccionismo, eso sí, siempre suave y bueno, contento de sí, artesanal. Cosas raras que tiene Dios —la vida o whatever you call it—, en Ríos se unen la curiosa sensibilidad y el placer de sí mismo; tan excepcional es la mezcla que el artista logra las cotas de la genialidad, y eso en esta nueva dimensión de la realidad virtual, donde se impone contra toda idea de mediocridad. Willy Trapiche pertenece a una familia que vivió como nadie el trauma de las migraciones, de forma singular; nacido en Chicago, en 1957, y criado en Cuba desde los cinco años, afirma que es cubiche y gringo, a los veinte y seis años regresó a EUA. Curioso que, para definirse, recurra a los gentilicios populares y no a los más formales de ambos países; pero lo más importante quizás sea su carácter autodidacta, que es lo que habla de sensibilidad y de la autenticidad de sus necesidades. Toda su formación plástica se reduce a una colección de libros ilustrados de museos famosos, y es obvio que le encanta Andy Warol; pero además es polifacético —multidisciplinar, diría un serio catedrático habanero, pero los renacentistas le dirían completo y feliz—, y toca instrumentos musicales, que también arregla y fabrica. Esa especial sensibilidad del artista quizás sea lo que refleje en una peculiaridad: Oye música donde nadie la oye y ve lo que piensa, tiene imaginación, y poder instrumental para plasmarla de modo suficiente. No es extraño que en sus peores momentos, sea la contemplación de su mejor obra, su hija, lo que lo reponga; tampoco que ese impulso incluso violento para la composición de imágenes le venga sola y espontáneamente, ella, el arte, no puede contenerse en el amor de sus amantes. |
Dominó
Untitled
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Estampida
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| Ella | ||||
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| Música | ||||
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